martes, 24 de enero de 2012

(des)entendiendome de las acciones humanas.

Ce qui me rend folle, c'est que je ne sais a quoi tu penses quand tu es comme ça...
Vladimir Nabokov, Lolita (1955) 




Relaciones humanas. Va más allá de un estudio de lenguaje. De la comprensión humana, en realidad. Estoy convencida de que hay que ser psíquico y mago, para poder decir, con total confiabilidad y genuinidad, que sos un relacionista humano. Si es que realmente alguien se osó a inventar una profesión tal, claro. Pueden engañarse pensando que saben de relaciones públicas, de conocer el arte de manejar a las personas, con el único objetivo de cerrar un negocio (sea con un fin monetario, sentimental o yo que sé otro fin malicioso). Aprender sobre qué sonrisa regalar-le. De complicidad? O tal vez irse por la sonrisa tímida? Como saludar, con una palmada en la espalda? un apretón de manos? O irse por un ligero movimiento de cabeza? Como tocarlo, sutil o expresivamente? Atreverse a mirarle más allá de los ojos, o mantener una fria distancia? Es todo un juego de probabilidades, un juego con la naturaleza sentimental que roza en las paredes de la piel de las personas. Pero nunca llegaremos a divisar -o jugar- con aquella naturaleza enjaulada dentro de sus cuerpos, nuestros cuerpos. No hay forma de entender las manifestaciones de las personas, ni las reacciones de estas en cuanto a una situación concreta. Cómo saber que un pequeñísimo gesto puede ser desde una inocente curiosidad hasta una declaración de rendición? Cómo adivinar si hay o no misterio detrás de cierto comportamiento? Por qué entonces, susurrar en el oído palabras dedicadas al alma, para probar ser blasfemias contra esta misma? Por qué aparecer ahora, por ejemplo, después de haberme convencido eternamente olvidada y superada? Por qué regalar una sonrisa aparentemente sincera y una buena conversación, para después declararme eterno rencor entre la confidencialidad de las sombras? Por qué aparentar amistades verdaderas, si al final prueban ser desechablemente "indispensables"? Pero ante todo,  ¿Por qué diablos seguimos empeñándonos en entender las relaciones humanas!?



miércoles, 18 de enero de 2012

Estaba revisando un viejo cuaderno de bocetos, cuando me tope con este escrito olvidado, de una mano extraña, aun irreconocible, junto a un dibujo a medio camino. Me pareció hermoso, y saudade, como se diría en portugués. Ojalá estas palabras hagan eco y pueda recordar (o encontrar) la voz de su verdadero autor.


"Descuida el tiempo ahora,
cualquier instante es vano 
La felicidad es etérea, y lo sabes 
El control es la solución
El dolor es el medio 
Y la madurez es el punto final. 
No confíes tu vida al amor
es ilusión, alucinación, 
paraíso que se vuelve 
martirio"





jueves, 12 de enero de 2012

(des)ahogándome.

“Suéñame, que me hace falta” 
-Alfonsina Storni.

No se qué ojos inquietos leerán estas palabras, ni siquiera sé que pretendo con escribirlas. Son solo palabras tiradas al viento del internet, sin destinatario determinado, sin propósito planteado. O puede que sea todo lo contrario y solo esté engañándome a mí misma. Escribiendo con u n propósito aun oculto, esperando que cierta persona o personas lean estas palabras, que no son solo palabras aleatorias si no predeterminadas. Soy y no soy. Soy lo que escribo, pero soy todo menos lo que escribo. Mis palabras cobran vida y quieren desesperadamente independizarse de mí, de lo que represento. Yo por otro lado, ruego porque aun exista una dependencia entre ellas y yo, que esa delgada línea que nos mantiene conectadas nunca se rompa y se mantenga ahí, para mi propio placer y cobardía. Necesito alimentarme de certezas, de certezas de un mañana mejor, de certezas de lealtad, de certezas de compañía, la certeza que no estaré sola en el futuro para enfrentarme a la vida. Pero solo las palabras pueden llenar ese vacío (vacio que intento llenar a punta de golosinas y música). No existen las certezas de nada, solo esa que predice que algún día, todo termina.

Y Tengo!


Tengo una angustia creciente que me domina, que no me deja respirar, que no me deja dormir, que no me deja vivir. Tengo prejuicios pegados por todas partes, que me desangran poco a poco, como vulgares sanguijuelas. Tengo ganas de gritar. Tengo ganas de besarlo y dejarme llevar. De olvidar. De encontrar. Tengo ganas de correr. De irme sin decir nada. De viajar. De escapar. Tengo ganas de llorar. De saber qué hacer y hacerlo. Tengo ganas de enfrentarme al mundo cogida de la mano de alguien. De sentirme segura y protegida. Tengo ganas de respirar por respirar. 


Tengo muchas ganas acompañadas de poca determinación.





No sé que contarles ahora.

Las excusas siempre sonaran a eso, a excusas. Por más que las adornes, por más que niegues su origen, no se puede esconder la esencia de la excusa. Ah qué maravilla, el momento que empiezan a nacer en una relación cualquiera, a través de lo que aparentemente llamamos “comunicación”, cuando es hablar sin comunicar nada realmente. Hay bocas que hablan y hablan, pero en el fondo nunca te dicen nada. Hay otras que nunca hablan pero te dicen todo. Hay otras que quisieras nunca hubieran dicho nada o hablado nada. Recuerdo el momento del éxtasis, el nido cómodo de la ignorancia y la ingenuidad, el calor de tus brazos -todo destruido en segundos por el frio de tus palabras, miedos no pronunciados... excusas al fin y al cabo. 


sábado, 29 de octubre de 2011

Lista de Cosas a Olvidar

1.       Viejos Rencores.
2.       Odios olvidados y ofensas infantiles.
3.       Orgullos y prejuicios.
4.       Ciertos temores.
5.       La C O B A R D Í A en general.
6.       La pereza y el miedo de afrontar las cosas.
7.       Los Tal vez y los Quizás
8.        Aquellas felicitaciones que nunca llegaron y las que dejaron de llegar.
9.       Los recuerdos amotinados de momentos infelices.
10.   El A R R E P E N T I M I E N T O.
11.   Lo que fue, lo que no fue y lo que pudo llegar a ser.
12.   Las vergüenzas de lo que hice y de lo que deje de hacer.
13.   Las palabras nunca dichas.
14.   El preciso instante que dejé de ser niña.
15.   El momento en que no fui capaz de afrontar la adultez.
16.   Mi m a l d i t a d e p e n d e n c i a.
17.   Todas esas veces que fui nada más que espectadora.
18.   Todas esas veces que deje me pisotearan y pasaran sobre mí.
19.   Las lágrimas derramadas por quien no lo merecía.
20.   Mi infinita incredibilidad.
21.   Todas las últimas veces que no supe eran las últimas veces.
22.   Las envidias que sentí a personas queridas, en vez de alegrarme por ellas.
23.   Mi resentimiento innato mezclado con mi sentimentalismo alborotado.
24.   El ser celosa debida a mi malnacida inseguridad!
25.   No haber pasado el examen de AP History.
26.   Haber perdido mi anuario del colegio…  (Lo reencontré! :D)
27.   Con los que deje de hablar por un “No se qué” olvidado.
28. La malas primeras impresiones.
29. Deseos de venganzas sin sentido.
30. (…) y la lista sigue.


Hay veces que debemos dejarnos llevar por la corriente.

martes, 18 de octubre de 2011

Maldiciendo el Miedo

Maldigo la hora! Maldigo la vida y sus protocolos sociales, maldigo el consumismo y sus necesidades monetarias, maldigo la hora de haberte conocido más allá de lo permitido,  maldigo mi cobardía desmedida y mi falta de valentía para rebelarme, maldigo ser la princesita mimada que soy y nunca dejare de ser, maldigo mi temor a no ser capaz de enfrentarme al mundo (que empieza tristemente a determinarme), maldigo el momento en que me percate de mi corazón, maldigo mi sentimentalismo inútil, maldigo, maldigo, maldigo!!

Maldigo este hueco en el estomago, maldigo que ellos siempre tenga la razón, maldigo no poder encontrar mi puesto en el mundo “social”, maldigo encontrarlo donde no es, maldigo tus palabras, las de ellos y las de los otros, pero sobretodo como me hacen sentir. Maldigo que las palabras tengan tanto efecto en mí. Maldigo mis lágrimas carentes de justificación, maldigo mi falta de criterio y mi falta de honestidad. (Y odio mi falsedad hacia mí misma, mi propia traición y mi incapacidad de poder tomar una decisión!), Maldigo el saber que nunca tendré mi respuesta.

En esta situación de perder o perder, me da miedo arriesgarme. Pero no sé que me da más miedo, si el miedo al arrepentimiento y el futuro, o el miedo a la soledad y la vulnerabilidad, o el miedo al resentimiento y la tristeza.


...Me da miedo elegir entre odios eternos. Me da miedo escoger entre muertes.

Me da miedo el miedo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Noches vagas...vagas noches, vagabunda la noche.

"El primer beso de sus labios
fue tan triste que casi no fue."
-Loreta Salino.

Hace poco paso algo que no me sucedía desde que era una inocente infanta, me aterro la idea de quedarme sola en casa (o si! antes no veía la hora de que mis padres se largaran y me dejaran, pero la idea de quedarme sola y dormir absolutamente sola, me perturbo de maneras inexplicables). Pero en fin, no hablaré de mis temores reprimidos o yo que sé de angustias inmortales. Les voy a hablar sobre mi amante temporal y meramente efímero: La almohada serpentina que abduceé del closet de mi padre. Oh, suspiro con tan solo tener su viva imagen en mi restringida memoria! Que noches las que pasamos juntos! Inolvidables! Insoportables! Infinitamente consolables! Empezábamos amándonos los unos con los otros, con caricias “inocentes” y sutiles, con la certeza de que al amanecer, estaríamos los dos ahí, en mi cama, ignorando el paso del tiempo. Pero entonces, llegaba la noche, y peleábamos. Nos odiábamos, nos empujábamos, yo te alejaba, me resistía y te empujaba al hoyo negro de la oscuridad. Pero entonces pasaban las horas, y un frío insoportable me recorría, y te buscaba con los ojos cerrados, y te extrañaba. Gritaba tu no-nombre en mis sueños, te necesitaba, te rescataba de los mares del suelo, y volvías a mí, y yo nunca más te dejaba ir. Me aferraba a ti, con mis brazos y piernas, como si fueras la última almohada del mundo, y para mí lo eras, mi última compañía de la noche que ya terminaba. Y así, abrazados, recibimos el nuevo día, y así como llegaste a mí, me abandonaste herida, y volviste a ser de mi padre. Y otra vez, volvía la traición a ser parte de mí.

Probando el mar de la soledad.