jueves, 7 de febrero de 2013

Resitiendo el cambio


Eso de que te fuercen a vivir en el mundo real, no es de caballeros ni de damas. Eso de que poco a poco veas tu sueño de convertirte en pirata y navegar los siete mares cada vez más lejos, por culpa de la dura mirada de la realidad, no es de héroes. De que cada vez sea más difícil encontrar hadas en las praderas y gnomos viviendo en los bosques, eso no es de valientes. 

¿Qué pasó con la idea de vivir cuentos de hadas y aventuras en la tierra de nunca jamás? ¿De pelear contra ciclopes y sobrevivir a las sirenas? Todo eso quedo reducido a cuentos por autoría de quiénes profesan fanáticamente la realidad.

Si la misma realidad dio cavidad para que existieran estás historias, ¿quiénes son ustedes para promulgar una profecía marginada y limitada? ¿Por qué nos obligan a vivir en una rutina controlada por tiempos y horarios? Yo me pregunto, ¿Dónde quedó el espacio para viajar en a la luna sin necesidad de cohetes? ¿De volar con polvo de hadas y pelear con dragones? Ya todo eso sólo lo encontramos en bestsellers y súper producciones cinematográficas. La gente ha contamina el color de la mente por cenizas grisientas. Y no hay ningún logro en eso.

Me asusta pensar que cada vez se me dificulta más encontrar la mágia detrás de las cosas, por la gran polución de responsabilidades y deberes que rodea el mundo adulto. Pero me he prometido a mi misma, resistir hasta mi último aliento y nunca abandonar mi verdadero ser.

Ilustración por Linn Olofsdotter

lunes, 28 de enero de 2013

Hacen falta dos para bailar un tango


El camino siempre se verá largo y lleno de piedras, inclusive habrá tramos con abismos, se atravesaran cavernas y un sinfín de obstáculos ridículos y con aparente aire de imposibilidad. Per sólo viviendo, aprendemos a superar aquella imposibilidad.  

De lo poco que he vivido he aprendido, a las malas, el valor de la larga espera. Pues la juventud está dotada de impaciencias, que te ciegan y te llevan a cometer errores que a la postre son la verdadera –y dolorosa- enseñanza. Errores qué, sin la experiencia de ellos, no serías capaz de valorar lo verdadero. Ni de disfrutar de la alegría del acierto.

Nuevamente me encuentro escribiendo sobre ti, esta vez con la tranquila alegría de saber que eres mío. De saber que nunca llegó aquella agridulce despedida que tanto temía, y que fue reemplazada por la sincera promesa de estar juntos. De ser uno los dos, como dice la canción.

No quiero teñir mis sentimientos con cursilería barata, escribiendo sobre lo que podría sonar a lo de siempre. Quiero escribir más bien sobre tus miradas que desnudan el alma y la tierna sinceridad de tus palabras. Sobre mis empinadas para reclamar tus besos y tu “sutil” forma de pedirme los míos. Sobre tu perfecta sonrisa torcida y el efecto que tiene con la mía. Quiero escribir sobre lo bien que se siente saber qué me quieres, y poder cerciorarme de ello cada que miro tus ojos. Sobre el conocimiento de ser la culpable de tu insaciable obseción, a mis pequeños pero "salvajes" mordiscos. Quiero escribir sobre lo increíblemente infinita que me siento contigo y la ansiedad por nuestro próximo reencuentro.  

Sería pretenciosa al tratar de describir lo que siento, porque ¡te juro! habrá que inventarle un nuevo nombre a esto que tenemos.

-Jeffrey McDaniel, “The Quiet World”




martes, 8 de enero de 2013

De la muerte y otros demonios.


Empiezo a notar un terrible patrón. Al parecer, sólo escribo cuando estoy triste y afligida, o ansiosa y asustada. Y sinceramente, no sé qué tan bueno pueda ser eso en realidad. A menos que viviera de la escritura, entonces tal vez eso sería una buena excusa, pues sería mi sustento.

Comienzo a sospechar además, que la felicidad me está tomando del pelo. A menos que realmente sea una retorcida decepción disfrazada de una falsa alegría. Aún no lo sé, pero este juego se está tornado peligroso.

He encontrado al fin la plenitud que buscaba. La felicidad y comodidad de expresarme libremente sin sesgarme. La alegría de sentirme especial bajo su mirada, su tacto y sus besos. He encontrado al fin lo que sin saber, había estado buscando tanto tiempo (y él siempre estuvo a mi lado, ¿quién iba a creerlo?). Pero no entraré en cursilerías. Sólo los dejaré el conocimiento (y la envidia!) de que la persona más genial y especial del mundo, me quiere es a mí! Y sólo me mira a mí! Y que nunca me había sentido más hermosa e infinita que ahora...

Al fin he abierto los ojos y es demasiado tarde, al mismo tiempo.

Esta vez, hay un nuevo componente, un terrible y nuevo componente en la ecuación. No sólo persiste el usual y cotidiano miedo a quedarse sola, al abandono y al irremediable enfrentamiento con la soledad, no. Ha aparecido para mi estupor, un incontrolable miedo a la muerte que hace años no sentía,  y qué nada tiene que ver con mi ansiedad de perderlo a él, pero que sin embargo está conectado a este hecho. De alguna manera, mi terror a la mortalidad se ha aliado con mi miedo a su partida, y es el pánico más inmenso y profundo que he sentido en mi vida. Me paraliza. Me despierta en las noches y no me deja conciliar el sueño. Es un miedo que poco a poco se ha ido alimentando de mi sanidad, que me está carcomiendo desde el interior de mi cuerpo y me siento completamente inútil y paralizada, cómo el testigo de un crimen.  Un miedo que cada vez, va expandiendo ese vacío tan doloroso que habita en las profundidades de mi estomago.

Y quiero ser egoísta, y pedirle que se quede y que nunca, nunca me abandone, y así detener ese miedo a la muerte hasta aquel instante, ya inevitable, en dónde nos reclama el último suspiro de nuestra vitalidad. No entiendo porqué siento que con él puedo enfrentarme a la muerte Y salir victoriosa de aquel encuentro, sólo sé que necesito tenerlo a mi lado. Pero sé que de nada vale, y que tendré que seguir buscando a ese alguien que decida pelear por no perderme. ¿O será que esta vez, tengo que ser yo quién pelee por no perderlo?



miércoles, 17 de octubre de 2012

Homenaje al Barón


Un caballero inexistente

Dicen que fue y que no fue, luego que sí, que si fue pero que era un mentiroso y que por eso era repudiado por sus vecinos y amigos.  Después  disculparon sus ‘falencias’ inculpando a  su supuesta demencia, y le daban el pésame a su familia. Más tarde, dijeron que fue que el pobre nunca creció, que seguía siendo como un niño, y que era un desconsiderado al haberle dejado esa carga a su pobre familia. 
Llegaron a decir que estaba poseído y luego que era un farsante, que nadie era capaz de haber ido a la luna y vuelto sin más ni qué. Que qué era eso de un desierto de los Tres Quesos!? Bordeando un tal mar de vinos añejos! Y que ni empezará a hablar sobre sus caminatas en el Bosque de Brócoli, ni del viaje en globo a los tales cielos hechos de azúcar de algodón junto a sus fieles y "extraordinarios" compañeros. Qué dejara la ingenuidad para la niñez! Que esos no eran cuentos ya de la adultez! Que racionalizará, puesto que ningún rey ni sultán habría mandando a nadie a vivir tales aventuras tan absurdas. 
“Tonterías!” gritaban, y les repetían a los niños, que eso de hadas y gnomos no eran más que mentiras, que dejarán de buscar dragones en el cielo y unicornios en las praderas, que no existen los tréboles de 5 hojas y que ya no ensuciarán más sus mentes con encantamientos y colores. Y les prometían; nadie podía haber cabalgado nunca jamás un arcoíris!
Empezaron por prohibir a los hijos a arrimársele a aquel patrañero, encantador de serpientes! Como si fuera el mismísimo Flautista de Hamelín, que fuera a hacer quién sabe qué con quién sabe quién de sus hijos. Después, fueron las mujeres quienes le temían y los hombres comenzaron a violentarlo en los bares.  
Ya al final ni lo miraban a los ojos, se volvió otra sombra más en la esquina del mismo bar. Dicen que se fue marchitando poco a poco, algunos hasta lo creyeron muerto. Ya ignorado, ya inexistente. 
El caso es que no se supo más de él, hasta una tarde anaranjada. Dicen por ahí las malas lenguas, que se divisó en el horizonte una figura larga y flacuchenta, con cierta resplandecencia, encima de una especie de caballo color blanco nieve. La silueta se quedo inmóvil por unos cuantos minutos, y aún hoy, hay quienes juran haber oído una triste despedida a través de una mirada vidriosa, para después desvanecerse entre las nubes. 
Nunca más se volvió a mencionar su historia, a excepción de alguna noche perdida entre embriagueces nostálgicas, en dónde se evocaban sus historias por aquellos niños que ya eran viejos, a otros niños que con un poco de suerte, llegarían también a viejos.  



miércoles, 10 de octubre de 2012

Second thoughts


Me está envolviendo la sombra de la angustia, de la inseguridad de no poder llevar a termino los proyectos que tengo planteados. ¿Tendré la capacidad y la iniciativa que hace falta, para llegar a la punta del Everest? Me estoy ahogando entre citas de autores y expertos, entre temas que a la postre, realmente ignoro. Confieso que me siento presionada y cansada. Ya me rendí y ni siquiera he comenzado.

Me aturden las preguntas que grita mi consciencia; ¿Es esto lo que quieres de la vida? ¿Es esto lo que esperabas? ¿Es esto con lo que te quieres enfrentar el resto de tu vida? Y siguen, una lista interminable de preguntas buscando respuestas inexistentes. Pero qué estupidez. Estoy persiguiendo la cola del perro, y lo único que consigo es marearme.

¿Dónde está mi salida de emergencia? Ya me estoy moviendo dentro de la montaña rusa y estoy teniendo el llamado coldfeet en la subida. Me quiero salir, quiero saltar al vacío y que el cielo se apiade de mí. No me quiero unir a la audiencia que espera algo de mí. Sólo quiero ser sincera conmigo misma, pero me lo estoy haciendo imposible.

Y de todo esto, queda al menos la lealtad, porque al fin y al cabo (por más que quiera escapar de mi propio porvenir) me veo en la obligación de apostar por mí misma. 


martes, 11 de septiembre de 2012

Oligofrenia


Debido a una interrupción del desarrollo de la inteligencia de la ciudad, en sus primeras etapas de vida, Oligofrenia sufrió un déficit mental grave, que acabo por propagarse como una maldición sentenciada sobre las primeras generaciones de sus habitantes.  Maldición que termino por marcarlos, a ellos y al sinfín de las generaciones venideras, amarrándolos irremediablemente a este sitio.
 Hay que verlos cómo alardean de su autosuficiencia y presumidas habilidades bajo ningún criterio racional, incapaces de desarrollar abstracciones mentales más allá de lo perciben con sus ojos.  Y volviéndo el mundo en el que viven  absurdo e incoherente a la vista de cualquier forastero.

 Los oligofrénicos son rara vez tratados con seriedad, en especial entre ellos mismos, puesto que además de su colección de males, carecen de una verdadera opinión.  Impedimento que aprovechan los Idiot-savant, un grupo narcisista y tiránico, que ha tomado la voz de la ciudad como suya para irse apropiando lentamente de la ciudad. Algo que ha resultado irónicamente conveniente, pues los habitantes de la ciudad se les dificulta realizar cualquier proceso de comunicación recíproca con el otro,  siendo incapaces de empezar un diálogo o relacionarse con alguien, aunque sea por mera morbosa curiosidad.  Es por esto que la mayoría de ellos deambulan solos por la ciudad, sin compañía más que la de su propia sombra, sin saber a ciencia cierta si su objetivo en la vida es la de pasar desapercibido o tal vez simplemente están siguiendo un impulso genealógico que va más allá de cualquier entendimiento.

Y es que los oligofrénicos son malos con la memoria; la maltratan y la ignoran, la violentan y la enfrentan. Y a ella no le queda más que vengarse, haciéndolos olvidar adrede, para verlos cometer los mismos errores de siempre, y seguir alimentando ese círculo vicioso. Es en esos momentos que se ven embriagados de una ignorancia infinita, bailando al son de otra música, completamente encerrados en una burbuja a prueba de racionamiento.

Se quedan así, sin ambiciones, sin motivaciones. Satisfechos con el hecho de poder hacer las suficientes tareas manuales como para sobrevivir y propagarse, maravillándose con aquellos que logran balbucear cuatro palabras inteligibles, pero finalmente absurdas, que acaban por abstraer un poco más su existencia.


miércoles, 1 de agosto de 2012

Contemplando la punta del iceberg.


Tengo una rabia contenida que no alcanzo a entender del todo. Una desilusión creciente con el mundo que me rodea. Un miedo que se alimenta de mi fuego de vida. Exploto con un sinfín de lágrimas cenizas, sin poder contener la angustia que cargo por dentro. Se me derrama por las sienes, las caderas, las plantas de los pies… deslizándose por mi piel impermeable, sin encontrar un desagüe. Por siempre brotando desde los adentros del hueco vacío del estómago.  

¿Pero quién se osa a explorar más adentro? ¿A sumergirse en un remolino de emociones incomprensibles e indomables para rezar a quién escuche, tener la suerte de toparse con la tranquilidad del ojo del huracán?  Tengo la paciencia desmoralizada y la esperanza perdida. La fuerza me ha abandonado una vez más y a la valentía se le agoto la fuerza centrifuga. 

¿Qué se podría entonces, esperar de una persona así?